martes, 31 de marzo de 2015

relatos marineros

Relatos marineros

En una tarde lluviosa del año 970, concretamente el 12 de Febrero nació un niño llamado Nicolás, en un pequeño pueblo llamado Chipiona. Era rubio, con unos grandes ojos, en los cuales brillaba un azul fuerte. Vivía con sus padres en una pequeña casita un poco derruida por el paso del tiempo, y la humedad. Estaba situada en las cercanías del muelle y fue donde Nicolás vivió toda su infancia. Pasados unos años, cuando ya tenía 16 años, un terrible vikingo llamado Erik el Rojo atracó en el puerto de Chipiona, y arrasó con todo lo que vio. Aquel día estaba muy aterrorizado y cuando Erik entró en su casa a robarle sus joyas, él se escondió en el armario rápidamente, pero sus padres no tuvieron la misma suerte y fueron capturados. Cuando el temible vikingo se fue, Nicolás permaneció en su casa llorando y pensando que por su culpa, sus padres ya no estaban con él y que debería haber hecho algo para salvarlos. En el pueblo solo quedaron algunos habitantes de los dos mil que había, por suerte dos de sus amigos, Agustín y Tomás, sobrevivieron a la captura, aunque sus padres al igual que los de él, los habían capturado. Pasada una semana los tres amigos se reunieron a hablar de lo ocurrido en la casa de Agustín, situada en el centro de la ciudad, y llegaron a la conclusión de que debían luchar contra los vikingos, y para ello deberían reclutar a una tripulación además de conseguir un medio de navegación. Lo de conseguir un medio de navegación no fue un gran problema ya que los barcos de las personas capturadas todavía seguían en el puerto, aunque ya un poco destruidos por el ataque. Quedaron en que los tres irían llamando a todas las puertas buscando personas que quisieran recuperar a sus familiares, ayudarles a restaurar un barco o a preparar su armamento. Pasados dos días reunieron 10 tripulantes, cinco personas que se ofrecieron a arreglar el barco que los chicos habían encontrado mejor y a 2 herreros que podían hacer las armas. Con la ayuda de todos al cabo de un mes el barco ya estaba preparado y las armas estaban terminadas. Entonces los trece tripulantes zarparon quitando los amarres. El barco era grande y espacioso, además estaba provisto de muchas provisiones para la tripulación, ya que les esperaba una larga travesía. Mientras el intento fallido de ir rápido les decepcionaba debido al poco viento que había y los pocos tripulantes que tenían, se dirigían a la mayor velocidad posible hacia la costa de Argel, que es donde un tripulante se había enterado que iban a desembarcar los vikingos. Durante la larga travesía, se encontraron con algunos problemas; Las provisiones escaseaban, los tripulantes se cansaban continuamente de remar y sus fuerzas para llegar a Argel estaban desvanecidas. Pero afortunadamente después de dos días un tripulante gritó desde lo más alto de la vela mayor: ¡Tierra a la vista! ¡Vira a estribor! En ese momento el barco se llenó de exaltación debido a la noticia.

              
            Cuando desembarcaron en el puerto de Argel, una docena de guardias les estaban esperando y los pillaron desprevenidos. Todos fueron capturados menos Nicolás que fue el último en bajarse del barco. Cuando bajó vio a los guardias llevándose a toda su tripulación. Decidido de que no podía con todos, fue otra vez al barco para idear un plan. Pasadas unas horas cuando cayó la noche, Nicolás se decidió por ir a recatarlos camuflado con un traje negro. Esperó y pasadas las tres de la madrugada entró en la prisión robándole las llaves al guardia que estaba en la puerta. Sigilosamente y con mucho cuidado se adentró donde residían los presos, y después de un largo período los encontró. Todos dormían mientras él susurraba: ¡vamos, despertad! Al cabo de unos minutos, despertó Tomás. Empezó a llamar a los demás, se oyeron unos pasos. Era un guardia, con pinta de llevar muchos años allí, fue cuando Nicolás se escondió entre las sombras pensando que un movimiento en falso lo delataría. El corazón le latía a más de mil, pero intentaba disimularlo, por suerte el guardia estaba tan adormilado que ni lo notó. Cuando pasó el guardia se alegró mucho y se puso a buscar la llave para sacar a los amigos de la celda. Rápidamente las encontró, abrió la celda y todos salieron corriendo de la prisión.
            
            Al día siguiente se disfrazaron de árabes para no llamar la atención, se separaron en grupos de cuatro y fueron a dar un paseo para enterarse donde podía estar Erik el Rojo. Entraron en una taberna y pidieron vino, fue entonces, cuando se enteraron de que Erik residía en una corte del pueblo que se encontraba al lado de Argel. Pagaron el vino, y fueron corriendo al barco para contárselo a la tripulación para planear un asalto.
            
            Cuando todo estaba planeado, al cabo de dos días, sobre las diez de la mañana se dirigieron a caballo hacia el pueblo donde estaba Erik. Solo tardaron media hora y cuando llegaron se encontraron un inmensa corte protegida por una docena de guardias. Como tenían planeado, Miguel y Amina, dos tripulantes, distraerían a los guardias, mientras que Nicolás y la tripulación se metían en el castillo, y así lo hicieron. Todo salió muy bien, consiguieron entrar sin problemas, y cuando entraron se encontraron una docena de puertas, pero por suerte se distinguía una gigantesca puerta. Irrumpieron en la habitación y se encontraron a Erik y su criado.
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       -¿Quiénes sois? – dijo gritando Erik.
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              - Somos supervivientes de tu ataque a Chipiona – exclamo Nicolás.
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              -Creía que los había capturado a todos, ¿y se puede saber qué intentáis?- dijo con ironía el vikingo.
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              - Pues venimos a rescatar a los habitantes de Chipiona, que usted ha capturado – informó con un tono un poco irónico, Tomás.
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             - Para eso tendrás que pasar por encima de mi cadáver – Desenvainó la espada a la vez que toda la tripulación, y el criado tuvo la posibilidad de escapar para llamar a los guardias.

            Mientras que el vikingo esquivaba los golpes de Nicolás para alargar la pelea y que los guardias vinieran a ayudarle, Nicolás gritaba:
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             -¡Cobarde, sin tus hombres no eres nada!

            El vikingo intentaba responder, pero Tomás le atacó por la espalda y le clavo la espada en el costado, haciéndolo caer al suelo. En el suelo Nicolás le insistía para que le dijera donde estaban los rehenes y por fin respondió:
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       -Se encuentran en el calabozo bajo el trono, aunque no sé si seguirán vivos  - dijo riéndose con un último suspiro.

            Salieron todos corriendo, levantaron el viejo y pesado trono, y abajo, encontraron a los rehenes. Mientras todos gritaban, Nicolás decía:
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       -¡Corred que vienen los guardias!

            Pero no les dio tiempo a reaccionar cuando se dieron cuenta de que los tenían detrás. Y mientras que la tripulación y Nicolás peleaban, los rehenes escapaban. Después de una larga hora luchando, vencieron a los guardias. Por fin se acabó la tortura. Todos vitoreaban a Nicolás, ya que nadie tendría que volver a luchar contra Erik el Rojo.


Fin

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