Relatos marineros
En una tarde lluviosa del año 970, concretamente el 12 de Febrero nació
un niño llamado Nicolás, en un pequeño pueblo llamado Chipiona. Era rubio, con
unos grandes ojos, en los cuales brillaba un azul fuerte. Vivía con sus padres
en una pequeña casita un poco derruida por el paso del tiempo, y la humedad. Estaba
situada en las cercanías del muelle y fue donde Nicolás vivió toda su infancia.
Pasados unos años, cuando ya tenía 16 años, un terrible vikingo llamado Erik el
Rojo atracó en el puerto de Chipiona, y arrasó con todo lo que vio. Aquel día
estaba muy aterrorizado y cuando Erik entró en su casa a robarle sus joyas, él
se escondió en el armario rápidamente, pero sus padres no tuvieron la misma
suerte y fueron capturados. Cuando el temible vikingo se fue, Nicolás
permaneció en su casa llorando y pensando que por su culpa, sus padres ya no
estaban con él y que debería haber hecho algo para salvarlos. En el pueblo solo
quedaron algunos habitantes de los dos mil que había, por suerte dos de sus
amigos, Agustín y Tomás, sobrevivieron a la captura, aunque sus padres al igual
que los de él, los habían capturado. Pasada una semana los tres amigos se
reunieron a hablar de lo ocurrido en la casa de Agustín, situada en el centro
de la ciudad, y llegaron a la conclusión de que debían luchar contra los
vikingos, y para ello deberían reclutar a una tripulación además de conseguir un
medio de navegación. Lo de conseguir un medio de navegación no fue un gran
problema ya que los barcos de las personas capturadas todavía seguían en el
puerto, aunque ya un poco destruidos por el ataque. Quedaron en que los tres
irían llamando a todas las puertas buscando personas que quisieran recuperar a
sus familiares, ayudarles a restaurar un barco o a preparar su armamento.
Pasados dos días reunieron 10 tripulantes, cinco personas que se ofrecieron a
arreglar el barco que los chicos habían encontrado mejor y a 2 herreros que
podían hacer las armas. Con la ayuda de todos al cabo de un mes el barco ya
estaba preparado y las armas estaban terminadas. Entonces los trece tripulantes
zarparon quitando los amarres. El barco era grande y espacioso, además estaba
provisto de muchas provisiones para la tripulación, ya que les esperaba una larga
travesía. Mientras el intento fallido de ir rápido les decepcionaba debido al
poco viento que había y los pocos tripulantes que tenían, se dirigían a la
mayor velocidad posible hacia la costa de Argel, que es donde un tripulante se
había enterado que iban a desembarcar los vikingos. Durante la larga travesía,
se encontraron con algunos problemas; Las provisiones escaseaban, los
tripulantes se cansaban continuamente de remar y sus fuerzas para llegar a
Argel estaban desvanecidas. Pero afortunadamente después de dos días un tripulante
gritó desde lo más alto de la vela mayor: ¡Tierra a la vista! ¡Vira a estribor!
En ese momento el barco se llenó de exaltación debido a la noticia.
Cuando
desembarcaron en el puerto de Argel, una docena de guardias les estaban
esperando y los pillaron desprevenidos. Todos fueron capturados menos Nicolás
que fue el último en bajarse del barco. Cuando bajó vio a los guardias
llevándose a toda su tripulación. Decidido de que no podía con todos, fue otra
vez al barco para idear un plan. Pasadas unas horas cuando cayó la noche,
Nicolás se decidió por ir a recatarlos camuflado con un traje negro. Esperó y
pasadas
Al día siguiente
se disfrazaron de árabes para no llamar la atención, se separaron en grupos de
cuatro y fueron a dar un paseo para enterarse donde podía estar Erik el Rojo.
Entraron en una taberna y pidieron vino, fue entonces, cuando se enteraron de
que Erik residía en una corte del pueblo que se encontraba al lado de Argel. Pagaron
el vino, y fueron corriendo al barco para contárselo a la tripulación para
planear un asalto.
Cuando
todo estaba planeado, al cabo de dos días, sobre las diez de la mañana se
dirigieron a caballo hacia el pueblo donde estaba Erik. Solo tardaron media
hora y cuando llegaron se encontraron un inmensa corte protegida por una docena
de guardias. Como tenían planeado, Miguel y Amina, dos tripulantes, distraerían
a los guardias, mientras que Nicolás y la tripulación se metían en el castillo,
y así lo hicieron. Todo salió muy bien, consiguieron entrar sin problemas, y
cuando entraron se encontraron una docena de puertas, pero por suerte se
distinguía una gigantesca puerta. Irrumpieron en la habitación y se encontraron
a Erik y su criado.
-
-¿Quiénes sois? – dijo gritando Erik.
-
- Somos supervivientes de tu ataque a Chipiona –
exclamo Nicolás.
-
-Creía que los había capturado a todos, ¿y se
puede saber qué intentáis?- dijo con ironía el vikingo.
-
- Pues venimos a rescatar a los habitantes de
Chipiona, que usted ha capturado – informó con un tono un poco irónico, Tomás.
-
- Para eso tendrás que pasar por encima de mi
cadáver – Desenvainó la espada a la vez que toda la tripulación, y el criado tuvo
la posibilidad de escapar para llamar a los guardias.
Mientras que el vikingo esquivaba los golpes de Nicolás para
alargar la pelea y que los guardias vinieran a ayudarle, Nicolás gritaba:
-
-¡Cobarde, sin tus hombres no eres nada!
El vikingo intentaba responder, pero Tomás le atacó por la
espalda y le clavo la espada en el costado, haciéndolo caer al suelo. En el
suelo Nicolás le insistía para que le dijera donde estaban los rehenes y por
fin respondió:
-
-Se encuentran en el calabozo bajo el trono,
aunque no sé si seguirán vivos - dijo
riéndose con un último suspiro.
Salieron todos corriendo, levantaron el viejo y pesado trono,
y abajo, encontraron a los rehenes. Mientras todos gritaban, Nicolás decía:
-
-¡Corred que vienen los guardias!
Pero no les dio tiempo a reaccionar cuando se dieron cuenta de
que los tenían detrás. Y mientras que la tripulación y Nicolás peleaban, los
rehenes escapaban. Después de una larga hora luchando, vencieron a los
guardias. Por fin se acabó la tortura. Todos vitoreaban a Nicolás, ya que nadie
tendría que volver a luchar contra Erik el Rojo.
Fin
